Estación Alcázar del Genil (Granada) — Antonio Jiménez Torrecillas: arqueología, vacío y servicio público
La Estación Alcázar del Genil del Metro de Granada es un caso ejemplar de cómo una infraestructura puede convertirse en arquitectura cívica sin añadir retórica. Proyectada por Antonio Jiménez Torrecillas junto a un amplio equipo de ingeniería y arqueología, la estación resuelve una triple exigencia: dar servicio eficiente a la red, conservar y mostrar el gran albercón medieval vinculado a la almunia del Alcázar del Genil y construir un espacio urbano claro, amable y duradero. El resultado es una nave de hormigón preciso iluminada por lucernarios, donde la historia y el transporte conviven sin conflicto.
Estrategia urbana y de implantación
La obra se ejecuta con sistema cut & cover. Lejos de fragmentar la sección con forjados, el proyecto apuesta por un gran vacío continuo que unifica niveles, facilita la orientación y permite entender la presencia del yacimiento. Los accesos se sitúan en los extremos y en superficie se expresan con lucernarios-periscopio de escala urbana. La estación funciona como plaza enterrada: un espacio público protegido que anticipa la experiencia de la ciudad bajo rasante.
Arqueología como pieza del proyecto
Durante la excavación aparecieron las trazas del gran albercón almohade/nazarí. El proyecto lo integra como una pieza museográfica estable: una envolvente de vidrio templado y pasarelas perimetrales permiten su lectura sin comprometer la conservación. La estructura de muros pantalla y losas perimetrales protege el depósito de vibraciones y variaciones higrotérmicas; la museografía es precisa y silenciosa.
Planimetría
Estructura, materialidad y ambiente
La espacialidad nace de la estructura portante. Muros pantalla y losas estabilizan la excavación; sobre ellos descansa una gran cubierta de hormigón cuyos intersticios alojan lucernarios lineales. El hormigón visto, de encofrado uniforme, da unidad y durabilidad. La iluminación combina luz natural filtrada y un sistema artificial continuo que evita el deslumbramiento. En operación normal, el gran volumen actúa como amortiguador térmico; en emergencia, el vacío central funciona como chimenea para la extracción de humos.
Construcción y coordinación
La ejecución se planificó en fases cortas para mantener la movilidad urbana y garantizar la conservación del yacimiento. La coordinación con equipos de arqueología preventiva definió límites de excavación, secuencias de apeo y protocolos de vibración. La estación demuestra que infraestructura y museo pueden compartirse: máquina eficiente y sala pública a la vez.
Documentación de obra
Imágenes de proceso —vaciados, apeos y hormigonados— ayudan a entender la lógica constructiva.






Conclusión
La Estación Alcázar del Genil convierte una obligación técnica en oportunidad cultural. Es un proyecto riguroso y profundamente granadino: trabaja con la luz del sur, con la memoria del agua y con la mesura de un hormigón que no pretende ser otra cosa. Desde la modestia, enriquece la ciudad y su relato.
Créditos: Fotografías: Antonio Luís Martínez Cano. Dibujos y esquemas según las fuentes citadas.
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